escritos encontrados

recolpilación inconexa de los inconexos escritos funkangulosos... carpe diem...

lunes, mayo 25, 2009

Chapter VI: Left behind













El trabajo en Gisborne se agotaba y el picking de mandarinas se tardó dos semanas más de lo normal, pese a que fue en Gizzy donde se pickearon las primeras mandarinas - dos semanas antes que en Northland, la zona cítrica por excelencia - Luego de insistir mucho logré conseguir trabajo con una contractor llamada Cindy, en la mañana pasé a despertarlo a Iggy (el pelado) y a Nacho (el madrileño) para ir a trabajar, pero Nacho tenía otros planes así que arrancamos con Iggy derecho para la orchard siguiendo a Tina, la socia de Cindy. El primer día fue duro porque las mandarinas seguían verdes y el primer bin estaba atiborrada de mandarinas verdes en el borde: mal. Aunque al pickearlas se veían naranjas todavía les faltaba y algunas llegaban a tener partes verdes, las cuales no servían. Lloyd, el manager de la orchard de muy mala manera me dijo que no tenía que pickear las verdes y al sacar la mandarina y tirarla me regañó: don´t throw the fruit to the ground, it´s money! Recordé aquella lección de la Chiqui Gonzalez, mi profesora de dirección de actores, de cómo utilizar el tono de voz para llegar a lograr la reacción correcta. Si Lloyd me hubiese explicado con un poco más de paciencia y un tono más ameno yo hubiese comprendido en el acto que sólo debía pickear las mandarinas completamente naranjas, que las que aún estaban verdes en una semana más iban a estar completamente maduras. Y las malas maneras generan malas reacciones. Ese día pickeamos tres bines hasta el final de la jornada, lluviosa en todo momento. Sin embargo Iggy insistía en resaltar lo relajada que era la pega. Al día siguiente emprendimos el ritual diario, pasaba a buscar a Iggy en la van y arrancábamos para la orchard fumando en el viaje, contemplando los primeros rayos del sol y las primeras hojas del otoño caer con la brisa gisborneana. Al llegar arrancábamos a pickear por la row donde habíamos dejado el día anterior, generalmente escuchando música con nuestros reproductores de mp3 que aliviaban nuestra jornada. Para el smoko siempre estábamos preparado aunque generalmente no llegábamos a llenar el primer bin. Luego el lunch para finalmente despedirnos de la jornada a la orden de "che, armate otro"... Los primeros días nos fuimos poniendo a tono con el trabajo, recibiendo las indicaciones de Tina en un principio y de "Jessee from gizzy" luego. También conversando con el tractor driver, Ben, un maori que nos ofreció una onza de "chronic" y nos invitó a fumar un buckett en el lunch mientras los jefes estaban lejos. Nos contó que él la cultivaba en el campo lindero, un maizal tupido y desatendido. Entre las plantas de maiz él cultivaba las chronics en outdoor jurando que era la mejor weed que podíamos conseguir en Gizzy. Nos prometió una onza apenas la tuviera secada y continuó su trabajo manejando el tractor con su pañuelo de Black power y su buzo con una hoja de marihuana en la espalda, cada vez que pasaba me hacía el saludo black power y yo le contestaba sonriendo y repitiendo el mismo gesto del puño cerrado con el brazo en alto, aunque sinceramente me caía bastante mal. El trabajo era realmente relajado, al tercer día solo estábamos Iggy y yo trabajando en la hectárea y unos días más tarde Jesse nos dejó a cargo de Corey, la hija de Tina, una maori de tetas generosas que nos enseñaba su escote cada vez que se agachaba para sacar una mandarina y mostrarnosla mientras nos decía: too green. Todos los días llegaba alguno de los jefes y nos amenazaba con echarnos si pickeábamos una sola mandarina verde más. A los pocos días descubrieron nuestro "green corner" entonces nos enseñaron la técnica del "green bottom" y a "pintar" los bines, técnica que consistía en poner abajo las mandarinas mas verdes y las últimas bolsas solo naranjas... Con lo cual disimulábamos bastante bien el bin. Esta técnica me la enseñaron los supervisores en el picking de manzana diciéndome: "only pick the goods when the boss is coming". Y los boss no venían nunca por la row... hasta que llegaban. Entonces empecé a dejar un árbol de mandarinas bien naranjas cerca del bin para ponerlas encima del resto y cuando Lloyd o Cindy se aproximaban yo pickeaba a gran velocidad las mandarinas para tapar las verdes. No es que deliberadamente pickeara las verdes sino que las mandarinas estaban aún verdes y una mandarina que de un lado era naranja furioso del otro estaba zarpada en verde. Al caer el sol ya no se podía ver correctamente y una tarde nos fuimos al carajo con Iggy pickeando mandarinas verdes, a lo que Jesse decidió suspendernos el día de trabajo y nos dijo: "come back tomorrow, maybe the boss give you another chance"... Y tuvimos otra oportunidad finalmente (pero nos cagaron un bin) y seguimos embalados escuchando psy trance para pickear más rápido. Los días se aceleraron, fumar-pickear-psytrance-lunch-pickear-fumar-go home. Todo era repetición, las row, las wineyards, las espalderas de álamos... Y pickear mandarinas... Iggy me preguntaba: cómo hací weon pa´pickear tan rápido?" a lo que yo contestaba: work don´t talk... jajaja. Y todos los días o venían los jefes o los supervisores inventando alguna excusa para que nos fuéramos antes así ellos se podían ir antes. A la semana teníamos a Benito (el bong del Nacho) como la herramienta más importante del picker, aguardándonos al lado del bin o de un árbol para hacer el mini smoko. Llegamos a tomarnos solo el lunch (media hora) como único descanso en la jornada. Nos estábamos convirtiendo en máquinas de pickear... Sino fuera por la salvedad que siempre se nos pasaba alguna verde, es que realmente es difícil llenar un bien cuando las mandarinas estás aún verdes!
Llegó finalmente el día de la onza seca y al examinarla no se veía tan mal, pese a que en el auto le dije a Iggy que para ser una onza era demasiado poco... Y quizo el destino que esa misma tarde en casa de Iggy nos encontráramos a un dealer en el living sentado fumando SU hierba quién al ver la onza de Iggy empezó a hacerla mierda, "this shit is not chronic, this is chronic!" decía mientras enseñaba un twenty de su weed. Conversando con él me di cuenta que no tenía demasiada idea de cultivo y que era un boca de jarro que compraba y revendía, pero no cultivaba. Ahí me di cuenta que todos los dealers de Gizzy eran mentirosos, porque no tenían la más remota idea de qué genética estaban cultivando o comercializando y siempre mentían diciendo "this is afgan", "this is white rinno", "this is chronic" mientras todos tenían la misma mierda mal secada de gizzy. Un error fatal en el secado es poner los cogollos en el microondas y todos estos maoríes secan la weed en el microwave! Al día siguiente mi amigo habló con el Ben y le pidió que le devolviera la plata o le pasara más weed, a lo que el maori volvió a mentir prometiendo: "tomorrow"... A los pocos días Corey me ofreció weed, me mostró una onza que sacó de un balde de 5 litros donde tenía muchas bolsas de onzas, ahí en el asiento trasero de su 4x4. Eso me hizo comprender por qué muchos de los maories no quieren trabajar pudiendo vivir de la mierda que cultivan. Si al menos se interesaran por comprender la planta y aprender a mejorar sus cosechas, pero ya saben eso de que Dios le da pan a quien no tiene dientes... y no estoy intentando ser sarcástico. El trabajo se puso denso cuando nos revisaron los bines y nos dijeron que estaban muy verdes y que no nos iban a pagar, con lo cual luego de una tensa situación resolvieron mandarnos para otra orchard a cosechar mandarinas japonesas... Al llegar a la otra orchard nos encontramos con unas mandarinas diminutas y unos árboles impenetrables, el trabajo se complicaba y los bines había que llenarlos a tope... al principio Cindy nos dijo que nos iban a pagar NZ$45 por bin (5 dólares más que los otros) pero luego de un rato volvió y nos dijo que nos iban a pagar 42 dólares por bin. Le dijimos que íbamos a terminar el bin y nos marchábamos a la casa hasta el día siguiente y Cindy se enojó y nos amenazó que si nos íbamos no volviéramos. Le pedí que me diera el recibo de sueldo para evaluar la situación y al ver que solo nos pagaron 260 dólares por una semana completa de trabajo le dije que a mi no me servía seguir trabajando, pero Iggy me convenció que siguiéramos trabajando o haciendo como que trabajábamos... Al día siguiente llovió mucho y nos avisaron que no se trabajaba y al otro día le avisamos que no íbamos a ir más. No nos pagaron los primeros días y cuando preguntamos Tina nos dijo que se iba a fijar pero nunca nos pagaron los primeros días que fueron trabajados por hora, no por producción. Ya estábamos de cara a la última semana en Gizzy - porque habíamos decidido irnos al sur con Iggy y Luis el , chef mexicano - cuando conseguí un trabajo diferente: modelando desnudo para una escuela de arte. Así que ahí fui, primero con Norman el profesor de dibujo, a ver las instalaciones y luego a charlar a un bar vino y springs rolls de por medio. Al lunes siguiente estaba allí preparado para desnudarme frente a la docena de alumnos. Me lo tomé de la forma más natural posible y mantuve las posturas estoicamente mientras la clase de mayoría femenina me observaba y dibujaba. Creo que nunca había pensado tanto en la reina de inglaterra ni en Margaret Tatcher para evitar una erección aunque tampoco sé por qué me daba más vergüenza tener una erección que no tenerla... Deben haber sido los 40 dólares más fáciles que gané en mi vida por el módico esfuerzo de ponerme en bolas y recostarme en un sillón o adoptar la postura del pensador del Rodin. Mi experiencia con modelos desnudos siempre fue del otro lado de la cámara o del papel, pero esta vez era yo el desnudo y observado. Al regreso me llevó otra de las profesoras con quien mantuve una extensa charla sobre la displicente actitud maori y otras cuestiones de idiosincracia kiwi. Una amena e interesante conversación en una fría noche en Gizzy con viento y lluvia... Me volvieron a llamar de la escuela pero les dije que me marchaban y me dijeron que si volvía a Gisborne pasara a visitarlos que seguramente iban a llamarme para otra sesión. Y así se sucedieron los últimos días en Gisborne, sin trabajo fijo, con frío y lluvia y un malestar con alguna gente del backpacker con la que había habido algún que otro mal entendido de difícil solución. En esos últimos días compartí muchos momentos con Nacho el madrileño que me llenaron de alegría, con Nick el kiwi quien me defraudó inesperadamente, con Joe un maori del quien siento un poco de pena y por supuesto con Iggy y luis con quienes estábamos a punto de emprender el viaje a la isla sur. Todo era una incógnita para mí porque no sabía qué venía después y Gisborne estaba enrarecido. Finalmente se sumó Marie, una alemana, al viaje y me alivianó los gastos de combustible aunque me llenó la van de olor a tabaco. A todo esto la última semana en Gizzy me propuse no fumar porque necesitaba una limpieza antes de que se me cagaran los bronquios... Y me banqué estoicamente esa semana en la casa fumona donde vivían Iggy, Nacho, Joe, Nick, Steve y James... Y donde siempre había un mínimo de tres maories agregados de fumones. Imposible no fumar, pero lo logré. La última noche en plena fiesta de despedida un maori se robó la computadora de Iggy en complicidad con otro y pese a que sabíamos que fueron ellos no pudimos hacer nada, en parte porque Nick el kiwi que había llevado a estos culeados empezó a demorar toda la situación y se lavó olímpicamente las manos. Los maories negaron todo (uno de ellos está con una tobillera con libertad condicional) y mintieron todo el tiempo. Yo lo sabía, Iggy, lo sabía, Nick, lo sabía y nadie podía hacer nada. Esa noche hablando con Joe él me confesó algunas acciones que no estoy seguro si serán ciertas o no, pero conociendo el pasado caníbal de los maories le hice prometer que nunca me iba a comer... Ese mal momento, el robo, nos detuvo dos días más y luego de impotentes actos decidimos partir dejando atrás a Gizzy y la mala vibra... Sentí una alegría inmensa cuando miré por el retrovisor por última vez el pueblo que me retuvo durante cinco meses, allí donde llegué con Marcell y chocamos, allí donde me fracturé la cara y me sané, allí donde cada vez que quería irme me ofrecían trabajo. El último día antes de irme, Gizzy hizo el último esfuerzo por retenerme: Hira me llamó ofreciéndome trabajo en el picking de mandarina! jajaja Le dije amablemente que le agradecía la oferta pero que mi tiempo en Gizzy se había terminado y que me iba a la isla sur, el comprendió y me deseó suerte.
Por un momento pensé que Gizzy era el pueblo con más cantidad de maories... y es que Gisborne es el pueblo con más maories en todo New Zealand!
Nos fuimos un viernes de un pique directo a Wellington, adonde llegamos luego de subir una montaña sinuosísima en pleno diluvio... El viaje fue interesante, bellos paisajes y un rumbo nuevo, lugares donde habían estado amigos (como la fábrica de cerveza Tui desde donde me escribió Marcell) o Palmerston North a donde se había ido a trabajar Keisuke. Pasamos de largo por Napier (mi primer destino antes de que Gizzy me secuestrara) casi sin siquiera mirar la playa de piedra y arena negra. conversamos de mil cosas con Marie y me sentía de nuevo en la partida, así como cuando viajé con Marcell, obligado a hablar en inglés y haciendo un esfuerzo sobrehumano para comunicar mis ideas en otro idioma! El día en Welli esperando la hora del ferry fue corto, pasando por un bar chileno (los amigos) a comer unas empanadas y vino. Dejamos Welli a las 9 pm, hora que salía el ferry en plena tormenta. Me gustó el aire de Wellington y la movida musical que tiene, quizás una de la más grande de New Zealand... Ya en el ferry decidí que ameritaba sumarme a los muchachos y fumarme uno mirando como lentamente la isla norte se perdía en el oscuridad... Al fin y al cabo la semana ideal tiene cinco días! Calé hondo el porro y luego exhalé una bocanada de humo que se fue en dirección a la isla norte al igual que mi agradecimiento por tantas aventuras y por permitirme conservar mi vida. La noche era oscuramente cerrada mientras el ferry se bamboleaba de un lado a otro surcando olas de tres metros que salpicaban mis ilusiones depositadas en la South Island...

Etiquetas: , , ,

domingo, marzo 22, 2009

Chapter IV: Overseas eyes in a strange land
















A mi abuela quien cocinó las mejores papas fritas de mi infancia.

La temporada de picking grapes finalmente llegó a Gisborne un poco más tarde de lo normal debido a las intensas lluvias y luego de una semana completa de days off arrancamos por lo primordial: sacar las uvas podridas de los viñedos. Aca en Nueva Zelanda usan máquinas para todo y las wineyards no son la excepción. Así arrancó la temporada entre cosechadoras hidráulicas gigantescas, maoríes son más vagos que argentinos y supervisores intentando controlar lo incontrolable. Arrancamos a la mañana temprano en algún viñedo y cuando lo terminamos pasamos al siguiente, por el momento trabajamos para Hira, un contractor indio que trabaja para Montana (una de las mayores productoras de vino en New Zealand) Y así va la caravana de autos siguiendo al líder hasta el siguiente viñedo y la gente se mezcla y comparte y uno va descubriendo que siempre hay alguien con quien hablar español, ingles, franés, aleman... la caravana multicultural. Mucha música, muchas comida, mucho humo, muchas risas y por sobre todo muchas vivencias.
He estado escuchando mucha música mientras voy cosechando las uvas y le he prestado particular atención al disco que Luca grabó en argentina antes de formar Sumo: Time fate love. Ese disco que descubri hace tanto tiempo y que he vuelto a redescubrir acá en este país extranjero donde casi ningún nativo habla mi idioma y mucho menos puede comprender cómo siento o por qué mi país es como es, tan lejano con su Maradona, cocaína, tango y los pumas. Y entonces pienso en Luca, en sus viajes, sus palabras, canciones y no puedo dejar de identificarme con él, extranjero en una tierra extraña... Y comprendo a la perfección su sufrimiento y su particular mirada sobre argentina. El escapando de la heroína, yo escapando de la argentinidad... Y la soledad, las canciones, el vino, el humo, la risa y la gente que uno va conociendo en el camino. El aferrarse a una almohada húmeda en noches largas de eternos sueños, los más oscuros sueños que jamás nadie haya tenido, el paso del tiempo desgarrando la piel, la fiebre y la ostranienie, el presente cayendo plomizo sobre los hombros hundiendo los pies en el barro, el tiempo estancado, el frío y el calor, el dolor y el amor, las caricias que queremos se prolonguen por toda la eternidad sabiendo que se van, las noches largas, solitarias, caminando calles oscuras sin importar que pueda suceder tan solo deseando que suceda algo... El grito ahogado que el mundo no puede escuchar , el nudo en la garganta, la pérdida del apetito y refugiarse bajo las frazadas deseando que el tiempo pase y cambie la situación... El describir la cotidianeidad con ojos extranjeros, tratando de comprender cómo funciona el mundo en esta parte del mundo...
Y así voy cortando uvas, caminando en el barro con las manos sucias y cansadas esperando al siguiente smoko time y pensando en todo lo que dejé atrás.
Luego de un buen tiempo de parar en la playa decidí mudarme a un hostel, el Flyng nun. Acá está lleno de gente de diferentes paises y hay muy buena onda, encontré muchos latinos, chilenos, uruguayos, argentinos, brasileros y he pegado buena onda con todos, en especial con nuestros hermanos trasandinos, tanto que los argentinos que conocí acá me dicen que tengo acento chileno (?) Y he encontrado argentinos copados y otros n tanto como todo... Y es que hay un tipo de argentino que no me cabe ni mierda: el altanero, soberbio, ventajero y cagador, generalmente porteño hasta el tuétano. Y me tocó sufrir a uno bien rémora que por suerte ya se ha ido a la meca latina: Tauranga. Durante semana y media me tocó soportar al Sebo o Sebado como yo lo apodé porque nunca entendía de límites, pero gente así ni me interesa, gente que va cerrando puertas por la vida, por suerte se fue del backpacker, sin pagar por supuesto como hacen todos los mierdas como él por acá dejando la mala fama de los argentinos que por estos lares todavía no es tan mala... es que hay otros que intentamos ser mejores y me alegro de conocer más gentes y saber que no soy el único.
Me hice muy amigo de un grupo de chilenos muy copados y hemos compartido asados, fiestas, tragos, humo y mucha ruta.
Uno de los chilenos, Ignacio, histriónico personaje quien quiso ser exótico como en Australia y no lo logró tan fácilmente, primero quiso ser el único chileno, pero no lo era, luego pensó ser el único pelado pero ya había otro, tampoco pudo ser el único Ignacio porque ya hay otro, tampoco pudo ser el único con sombrero de Raiden porque muchos otros usan sombreros chinos... en fin, se mudó a un flat a la vuelta del hostel y ahora es el único en todo! Un grande, hizo un asado para festejar la mudanza y lo invitó a Hira, el contractor quien demostró tener un muy buen sentido del humor y entre cerveza y cerveza hablo con casi todos nosotros sobre diferentes temas, hasta que en el momento de comer el asado se retiró tal vez porque los indúes no comen carne y al ver tantos sudamericanos carnívoros se sintió fuera de lugar.
En el trabajo ya todos me llaman por mi nombre, será esa capacidad de sobresalir del resto por diferentes razones, como en la escuela! En parte porque entiendo a la perfección lo que me dicen los supervisores, tal vez porque pegué buena onda con algunos de ellos, tal vez porque mi nombre resuena entre las uvas cada vez que necesitan una mano. Lo cierto es que kiwis, maories o sudamericanos todos conocen mi nombre y vienen a hablar conmigo o a ofrecerme fumar con ellos o que les cuente un chiste y yo me alegro mucho porque soy un comunicador y ejerzo mi rol a la perfección, muchas veces vienen a buscarme para oficiar de traductor o Maggie una de las supervisoras maori que me tiene mucho cariño me dice: Ey Leon! Explain to the others how do a good work, please. (Porque Maggie siempre te pide todo por favor y si no te conoce te trata de usted)
Mi mamá me enseñó las primeras palabras en inglés cuando yo era niño e intentó enseñarnos lo básico a mis hermanas y a mi, luego en el secundario tuve 3 años de inglés donde luego de un muy mal comienzo y gracias nuevamente a la ayuda de mi madre logré llegar a ser uno de los mejores alumnos de mi clase. Luego lo dejé todo ahi añejando y pocas veces tuve la oportunidad de hablar ingles en Buenos Aires... Finalmente acá comprendí muchas cosas al darme cuenta qué tan importante ha sido todo eso en mi vida y agradecido estoy de poder comunicarme gracias a lo que me enseño mi madre, mis maestros y lo que yo he ido aprendiendo autodidacta heredado de mi padre. Y este país me envuelve en viajes mentales donde mi presente le agradece a mi pasado y bendice mi futuro.
Los recuerdos de mi infancia se hacen nítidos y me asaltan a cada momento y no hay mañana que me levante y agradezca todo lo que estoy viviendo. Y son muchos los recuerdos que guardo, como las papas fritas de mi abuela, las mejores de mi infancia, ese sabor a cocina de abuela inexplicable, guardado en el alma. Mi abuela murió el 16 de marzo luego de una larga agonia de operaciones de alto riego y una neumonía. Yo sabía que ella estaba muy enferma, cercana a su muerte y deseaba una buena partida para ella sin tanto sufrimiento. Hace muchos años que no la veía y si bien siempre sentí que ella no podía comprenderme, mi amor y mi agradecimiento siempre estuvieron presentes. Me hubiera gustado estar allí con ella acompañandola en sus últimos momentos y acompañando a la familia, pero me tocó estar lejos muy lejos y enterarme dos días después por un mail de mi padre. Pero la muerte es parte de la vida y si bien sentí una profunda tristeza ante la noticia, busqué pensar el lado positivo y recordar a mi abuela como la persona trabajadora que fue toda su vida y recordar esas cosas que uno recuerda de las abuelas con el sabor de la infancia, como lavarme la cara con agua helada en pleno invierno en su casa antes del café con leche caliente y los secretos de la abuela sobre comidas y demás cosas que así como las primeras palabras en ingles que me enseñó mi madre en algún momento se volvieron o volverán relevantes en mi vida. Y entonces me despedí de ella a la distancia deseándole un buen viaje a donde sea que haya ido mientras cortaba racimos de uva y el sol me acariciaba la cara en una mañana más en la isla.
En el trabajo a veces somos muchos, más de sesenta personas y eso genera un clima de buena onda mientras lo latinos trabajamos y los maoríes hacen como que trabajan, porque he descubierto que los maoríes son más vagos que todos los sudamericanos juntos... Y tanto los supervisores como los mismos maoríes buscan mantener el orden y que los latinos trabajemos. Así que ante la duda el maori no trabaja pero alcahuetea al argentino o chileno que se va a dormir al auto jajajja. Un día me mandaron arriba de una camioneta a buscar unas herramientas al galpón y se subieron 5 maoríes conmigo en la camioneta con la excusa de ayudarme a traer las cosas, pero en la primer curva se bajaron todos y salieron corriendo por los viñedos. Tambien suelen ponerse cerca de uno, hacen que cortan uvas y se van, desaparecen y entonces viene Anthony un supervisor que se cabrea mucho con nosotros y nos reacomoda para tapar los huecos que dejan los maories. Los kiwis que trabajan con nosotros por el contrario no tienen ningún problema de arremangarse y trabajar sin importar si son el dueño del campo o un picker más. He conocido a unos cuantos trabajando y hemos conversado mucho, porque tampoco todos los latinos podemos hablar o entender ingles, esta gente disfruta mucho de hablar y de intercambiar puntos de vista. Cada tanto pasa el supervisor y me dice que siempre estoy hablando, sino es en ingles es en castellano y el prefiere que yo hable en inglés porque no entiende nada de español.
Después de las lluvias (acá llueve todos los días) se hace un barrial impresionante entonces los maoríes se vuelven locos coleando con sus camionetas y embarrando a todo el mundo... Y dos de ellos tuvieron la pésima idea de ponerse delante de mi van (mi querida Celia) y llenarla de barro entonces agarré unos racimos de uvas -el proyectil por excelencia en un viñedo - y cuando volvieron a pasar por al lado les tiré las uvas al conductor y se enojó mucho, tanto que se quería bajar a pelearme, pero yo aprendí que con los maoríes hay que tener mano de hierro y me le planté explicándole que "if you like the peaches hold on the plush" (?) Esa misma tarde ya en el pueblo en una estación de servicio volvieron a aparecer estos maoríes y se disculparon por haber ensuciado mi van, yo les acepté la disculpa y me invitaron a fumar la pipa de la paz. La mente de un maorí es extraña, llena de locura, tal vez por la herencia caníbal de sus antepasados que llegaron de la polinesia y se comieron a todos los habitantes de las islas, pero eso a mi no me intimida viniendo de la violenta sudamérica donde te meten fierro por nada. Y a los maoríes si les demostrás que no les temés te respetan, casi como los perros.
Así veo todos mis planes frustrados de mantener mi bajo perfil, en los smoko times la gente se acerca a mi, en el lunch también, mientras trabajamos también, cuando necesitan alguien para hacer una labor extra me llaman a mi, tal vez porque se aprendieron mi nombre, tal vez porque nunca les digo que no, tal vez porque todos los trabajos que hago los hago bien... quien sabe.
La otra tarde finalizado el día de trabajo me quería ir rápìdo y al doblar al final de la row de viñas se me atascó la van entre los alambres que van a tierra, jajaja, estuve como media hora intentando cortar los alambres primero y luego desenterrar la guía de metal que va a tierra, pufff, vienieron primero unas maories aayudarme y luego mis amigos maories los del barro, que más que ayudarme a mi vinieron a mirarle las tetas a una de las maories. Luego me llevaron hasta donde estaban trabajando los supervisores y demas gente y me llevaron en un tractor con uña con la cual levantaron la van del costado trasero y la corrieron por encima del alambre y pude seguir viaje agradecido entre chistes al respecto de mi infortunio. La puerta de la van quedo medio abollada y rayada pero... todavía sirve!
Y luego de una quincena de trabajo sin descanso (siete días a la semana) llegó el weekend off y organizamos la caravana de la monada del flyng nun hacia Mahia beach a comer un asado. Así que ahí fuimos todos en los autos y las vans por las rutas locas neocelandesas a nadar con el delfin Moko!
Como líder de la caravana los fui guiando hasta la playa del delfin en Mahia (si, ahí donde grabé el videocast) y al llegar vimos a Moko jugando con un flotador, solitario en el mar y me metí nadando a nadar con el delfín seguido por Ignacio el chileno que se metió con su tabla de surf. Y Moko se acercó a jugar con nosotros y ahí mucha más gente se metió al agua, con tablas, nadando o en kayaks y Moko se hinchó las pelotas y se fue más lejos. Hermoso animal el delfin, grande, como de goma, amigable e inteligente. Luego de nadar con el delfin nos fuimos a hacer el asado a una playa lejana del otro lado de la península y no podría haber elegido mejor lugar! Un asado sudamericano en Mahia beach! Con amigos del resto del mundo, compartiendo sin fronteras, sin nacionalidades, tan solo todos juntos como hermanos.
Finalmente recuperé mi celular ya reparado luego de dos meses sin respuesta y me devolvieron el dinero de la garantía y ahora estoy recordando cómo usar mi celular jajajaj...
He aplicado a un montón de ofertas laborales en el área de la fotografía y el diseño y en todas me han vuelto a decir que prefieren darle la vacante de trabajo a una persona con inglés nativo (cuando dicen esto se refieren a kiwi english, no american or british, solo kiwi) y que me desean mucha suerte para el futuro y blablabla, proteccionismo laboral, es que acá son muy celosos al respecto y prefieren darle el trabajo a alguien que no lo sabe hacer tan bien o que directamente no lo sabe hacer pero puede aprenderlo (o no) antes que meter a un sudamericano con experiencia. Pero no pierdo las esperanzas, un kiwi me aconsejó dirigirme personalmente para aplicar a un trabajo en el área, tal vez tenga más suerte que por internet, tal y cual lo hice anteriormente para los dos medios locales que he trabajado free lance. Y yo sé que ya va a llegar el momento en que la puerta se abra y voy a estar atento para no desaprovechar la oportunidad, siempre mirando con mis ojos extranjeros esta bella tierra que me ha llamado durante tanto tiempo, siempre con la cámara a mano lista para disparar, siempre con mis overseas eyes incansables, mirando lo que nadie puede ver.

Etiquetas: , ,